Se buscan buenos apoyos

Buenos apoyos
Imagen cedida por Plena inclusión Extremadura

La conciliación de la vida
de las familias con personas
con discapacidad intelectual
es complicada.

Los problemas vienen por:

– Jornadas más largas de trabajo
– Falta de apoyos
– El confinamiento por la pandemia.

Plena inclusión tienen programas
deconciliación familiar
para que estas familias
compatibilicen sus espacios
per.sonales, familiares y laborales.

Esto es muy importante
ya que evitarán
el sobreesfuerzo
de estas familias al cuidar
sus hijos e hijas con discapacidad.

Pero también
para las hermanas y hermanos
que se ocupan de su familia.

Las empresas y administraciones,
deben tener los recursos
para que estas personas
cuenten con buenos apoyos
para atender a sus familiares
con discapacidad.

Este texto es un reportaje
publicado en el VOCES de mayo.

VOCES es la revista mensual online
de Plena inclusión España.

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José L. Corretjé. Plena inclusión España

Este reportaje se publica en el VOCES 460, del mes de mayo, que está dedicado monográficamente al tema de la conciliación familiar.

Conciliar la vida laboral y familiar nunca ha sido una tarea sencilla. Mucho más en estos tiempos en los que las jornadas laborales se amplían y surge el teletrabajo como una realidad irrebatible. Y si hablamos de familias con personas con discapacidad intelectual o del desarrollo, la cuestión se complica todavía más. “La conciliación para estas familias suele ser un auténtico reto, ya que las necesidades de atención y cuidado en personas con discapacidad son mayores”, afirma Roxana Castaño, responsable de Familias en Plena inclusión Cantabria.

El movimiento asociativo tiene una larga experiencia en el desarrollo de programas que generen las condiciones necesarias para que las familias compatibilicen el espacio personal, laboral y familiar, equilibrando el uso del tiempo entre los tres ámbitos. La conciliación es un derecho recogido en el Estatuto de los Trabajadores. El texto legal que regula las condiciones de relación entre el ente contratador (empresa privada o administración pública) y la persona empleada, afirma que esta “tiene derecho a adaptar su jornada laboral, sin necesidad de reducir su jornada ni salario, si necesita conciliar la vida laboral o familiar para el cuidado de hijos e hijas mayores de 12 años y de otros familiares que no puedan valerse por sí mismos”.

Pilar Martínez, 64 años, reside en Valencia y desde hace 27 años se ocupa del cuidado de su hijo Rafael que tiene discapacidad intelectual. “Rafa me ocupa mucho tiempo y mucha energía. Hasta los 18 necesitaba una persona que le acompañara para ir y volver del colegio. Y todavía ahora, cuando estás con él, no puedes hacer otra cosa que atenderle. Te absorbe toda la atención”, reconoce. “Ayer estuve una hora y media con él para que pudiera quedar con unos amigos por WhatsApp”, añade. Y esta dedicación implica contar con apoyos suficientes y eso muchas veces se traduce en gasto de dinero que no sobra.

Esta dedicación plena, desde el amor a la persona, provoca efectos colaterales. Junto al aumento del estrés y la ansiedad por no poder compaginarlo todo, las madres suelen ser las mayores perjudicadas ya que se ven obligadas a hacer numerosas renuncias. “Es frecuente encontrar casos en los que uno de los padres, generalmente la madre, deja su trabajo para ocuparse del cuidado de la persona con discapacidad, lo que hace que los ingresos familiares se reduzcan y disminuyan las posibilidades de costear servicios de apoyo especializados”, ilustra Roxana Castaño, con una larga trayectoria en el apoyo a las familias. La dificultad cotidiana ante esta situación se ha visto agravada durante la pandemia con el teletrabajo y el confinamiento. Muchos familiares de personas con discapacidad tuvieron que añadir a su jornada habitual otra más para cubrir en el domicilio los apoyos a su familiar que se daban en los centros hasta que estos fueron cerrados.

RED DE APOYOS
La red de apoyos familiares que se dan en numerosas entidades de Plena inclusión da cobijo y consuelo a muchas familias en las que, además del padre y la madre, también los hermanos y hermanas se comprometen en la atención a la persona con discapacidad. “A mí, compartir con otras personas que están en mi misma situación me ha ayudado mucho a bajar el nivel de angustia y tensión, aclara Pilar Martínez.

Pero esto no parece suficiente. Roxana Castaño apunta otras medidas reclamables a las administraciones públicas: “Contar con planes para la conciliación en empresas, poder promocionar sin renunciar al cuidado o acceder a puestos de trabajo que lo faciliten. También tener la oportunidad de descansar, relacionarse con otras personas o tener algún estímulo mental equiparable al que tienen cuando trabajan, que su labor de cuidado venga acompañada de una compensación económica mayor que la que actualmente recoge la ‘Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia’, o que las administraciones autonómicas y locales incorporen más medidas y recursos de apoyo a la conciliación que incluyan de manera específica a las familias de personas con discapacidad”.

Para Beatriz Vega, responsable del programa de Familias de Plena inclusión España, resulta fundamental promover el Enfoque Centrado en las Familias en todos los servicios del movimiento asociativo, entre ellos, los servicios de empleo del movimiento asociativo. Porque, además de estar centrados en la persona y promover la inclusión en la comunidad, deben llevar un tercer ingrediente que es la defensa prioritaria de la conciliación en la familia: “A lo largo de los años, se ha visto cómo aquellos servicios de empleo que tienen en cuenta a las familias, desarrollan un trabajo más satisfactorio para todos”, asegura Vega. Los servicios de Empleo y Familia de Plena inclusión necesitan de una coordinación que facilite que los servicios de empleo sean conscientes de los proyectos de vida familiares.

 

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José L. Corretjé

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