Revista digital del movimiento asociativo Plena inclusión

Especial Con Voz Propia

Número 491. Especial Con Voz Propia

Los movimientos asociativos, siempre cambiando

José Manuel Fresno, director de Fresno Consulting
José Manuel Fresno, director de Fresno Consulting

En los años 80 del siglo pasado conocí a uno de los promotores del movimiento de la discapacidad; era un arquitecto que tenía dos hijas con discapacidad. Había dejado su profesión para dedicarse a promover asociaciones, viajando por toda España, movilizando a las familias, sensibilizando a las administraciones y reivindicando derechos y servicios. Tenía claro que o se organizaban las familias o no cambiaría nada.

Aquella generación y las que les siguieron fueron protagonistas del movimiento FEAPS, un tejido asociativo presente en toda España que unía a las familias, ponía en marcha programas y abría centros cuando no había nada. También reivindicaba la financiación de las administraciones y concienciaba a la sociedad sobre la necesidad de tener una mirada más justa y humana hacia la discapacidad intelectual.

Fue un esfuerzo de muchos años, que se hizo con el empeño, coraje y entrega de los padres y madres, en muchas ocasiones actuando solos, sin apoyos e incomprendidos. Poco a poco dio sus frutos y la incorporación de profesionales a las organizaciones fue imprescindible para la puesta en marcha de nuevos servicios. ¡Ya lo creo que los dio! Plena Inclusión es hoy un movimiento emblemático en España gracias a aquellos esfuerzos y los de quienes vinieron detrás. Quienes hemos llegado más tarde nos hemos encontrado mucho hecho y frecuentemente nos acercamos a las asociaciones a pedir servicios, e incluso a reivindicarlos, como si estas fueran administraciones, pero sin demasiada disposición a arrimar el hombro y con escasa conciencia de lo que ha costado conseguirlos.

Estamos en un momento de cambio generacional. Aunque los relevos siempre han existido, lo que cambia ahora es el contexto: vivimos en una sociedad acelerada y entregada a la era de la digitalización. Tenemos menos tiempo que antes y vamos más deprisa. Nuestras formas de vida son más aisladas e individualistas. Las propias familias han cambiado: su tamaño se reduce y las nuevas generaciones tienen otras prioridades y expectativas. Dedicamos menos tiempo a las relaciones y a construir comunidad. Nuestra visión de la inclusión se ha transformado y hemos entendido que la “plena inclusión” pasa por poner a las personas con discapacidad en el centro, darles el protagonismo y apoyarles en sus deseos y proyecto de vida. Hay mucho por lo que luchar para no retroceder y mantener así lo conseguido; y mucho que cambiar aún para que los derechos sean efectivos.

El principal activo de las entidades son las personas, es lo que les da vida y las hace sostenibles. Sin personas activas y comprometidas en nuestras entidades, podemos tener servicios, pero no mejoraremos los derechos, no habrá nuevas conquistas. Nos encontramos ante el reto apremiante de regenerar y extender nuestra base social; y la base social hoy va mucho más allá de juntas directivas y socios: son las familias, no solo los padres, las redes profesionales, los voluntarios. En definitiva, todas aquellas personas que simpatizan y son solidarias con nuestra causa, otras entidades con las que compartimos intereses afines y, por supuesto, las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo que son quienes han de tener el protagonismo y a quienes nos debemos. La movilización de todo este activo es lo que dará sentido a nuestro movimiento en el futuro y le mantendrá vivo. Por eso hay que cuidarlo, potenciarlo, renovarlo y atraerlo a nuestra causa.

Este es nuestro gran reto hoy: hacer de las asociaciones espacios vivos de participación, y acceder desde ellas a los espacios sociales, a las comunidades, barrios y ciudades para que se haga oír nuestra voz. Porque no habrá plena inclusión si la sociedad no es inclusiva. Y la sociedad no será inclusiva si no estamos muy presentes en sus espacios y la atraemos a nuestra causa, participando en las causas sociales, que son también las nuestras. Y esta es una tarea tan importante como la de mantener nuestros servicios y por eso hay que dar pasos decididos ya, sin más dilación.

Si en nuestras asociaciones no hay renovación es porque no la promovemos. No caben disculpas. Si los familiares solo buscan nuestros servicios es porque no les ofrecemos otras cosas que sean de su interés, o porque no sabemos despertar en ellos otros intereses. Si no desean participar es porque no les hemos ofrecido espacios de participación que sean atractivos, porque no estamos atentos a sus inquietudes o no les damos el protagonismo. Los profesionales y juntas directivas no estamos solo para hacer, estamos sobre todo para hacer que hagan. Estamos para promover la participación, para fomentar le compromiso, para implicar a otros.

Y para conseguir esto tenemos que aprender y también desaprender. Aprender cómo liderar de forma participativa, estando atentos a las inquietudes de las personas, creando espacios donde las personas se sientan cómodas, dando el protagonismo a las personas con discapacidad, gestionando de manera constructiva las diferencias, creando espacios estimulantes donde todos, “y todos, somos todos”, se sientan representados y protagonistas. Y desaprender también muchas formas habituales de gestionar las entidades que nos pueden parecer muy eficientes, pero que no son movilizadoras. Me refiero también a estilos profesionales que no dan espacios para la participación, para la cocreación, para la escucha y para la implicación activa. Estilos,en definitiva, que ya no son los adecuados en los tiempos que corren y que nos pueden hacer perder el signo de los tiempos.

Participar no es solo un derecho, es una obligación y es una forma de construir organizaciones más justas, vibrantes y conectadas con la realidad. Estamos llamados a hacerlo de modo que Plena Inclusión siga siendo un movimiento pionero y ejemplar. Y estamos llamados a hacerlo “con voz propia”, para lo cual tendremos que darle la importancia que se merece, crear espacios de trabajo, adaptar las formas y horarios de las reuniones, designar a personas y grupos concretos para que tengan la misión de favorecer la participación, dándoles los tiempos y los medios adecuados, utilizar nuevos canales y estrategias, comprometernos cada uno de nosotros y comprometer a nuestro entorno.

Versión en lectura difícil

Este contenido está en lectura difícil Este contenido NO está adaptado a Lectura Fácil

Nuevos liderazgos y formas de participación en los movimientos asociativos

José Manuel Fresno

Sociólogo y experto en políticas sociales y Tercer Sector.
Scroll al inicio