Revista digital del movimiento asociativo Plena inclusión

Especial "Plena Internacional"

Número 476. Diciembre de 2022

Kike Labián: «Necesitamos hablar un poquito menos y bailar un poquito más»

Kike Labián y Gye, dos artistas del Equipo de Kubbo, participaron también en el Congreso de Plena Internacional organizado por Plena inclusión España. Fueron los encargados de realizar un experimento de creación colectiva con el público asistente. 

El resultado de este experimento artístico fue un fragmento musical creado a partir de los sonidos e interpretaciones vinculadas a conceptos como: liderazgo, participación, derechos.

A veces, es difícil interpretar algunos conceptos. Pero este ejercicio permitió no solo ‘escucharlos’, sino captar la suma de todas las interpretaciones y descubrir cómo suena el colectivo. 

Hablamos con Kike, que es además director de TEDxYouth@Madrid y tutor de Innovación en la Escuela Superior de Música «Reina Sofía», sobre arte y claves para repensar la cultura. 

¿Es posible (y deseable) comprender conceptos difíciles a través del arte ?

Sin duda. A veces hablamos del lenguaje como algo dado por arte de magia, pero es también un artefacto cultural como otros muchos. Cada concepto, cada teoría, cada palabra, se ha creado como resultado de unas circunstancias concretas que también representan nuestros sesgos como sociedad. O dicho de otra manera menos rebuscada: los espacios donde se han construido muchos saberes (universidades, congresos, eventos…) no han sido accesibles para toda la sociedad y por tanto, si el resultado de esos espacios nos parece inaccesible es porque, literalment lo es.

El arte no nos permite solo “acercar el conocimiento” porque sea difícil, también crea vías más accesibles para que personas que hasta ahora no habían podido participar de su creación lo hagan. No acerca el conocimiento, lo abre. Por ejemplo, no todo el mundo puede teorizar sobre un ODS y las políticas públicas que lo impulsan en una mesa redonda con académicos, pero quizás sí que puede moverse en una sesión de danza como aquella vez que sufrió el dolor que representa la vulneración de esos derechos.

Cuando dejamos de teorizar conceptos complejos y nos permitimos sentir y reinterpretarlos de una forma más cercana y humana, se genera una experiencia y vínculo con cada concepto. Pero ¿cómo lo hacemos realidad en las organizaciones?              

Para empezar, hay que abrazar la incomodidad que nos va a generar, porque será señal de que lo estamos haciendo bien. Cuando en el Congreso de Plena Internacional hicimos una dinámica para expresar con sonidos corporales conceptos como la accesibilidad, la educación o la toma de decisiones, veía perfectamente las caras de muchas personas con discapacidad disfrutando y soltándose la melena para darlo todo; y las de otras personas, incómodas y haciendo sonidos muy flojito para pasar desapercibidas.

Sin embargo, esta dinámica permite iniciar la reflexión desde un punto común más accesible. ¿Qué sonido has elegido para representar la palabra “educación”? ¿Por qué ese y no otro? ¿Qué recuerdos representa? ¿Qué emociones se relacionan? ¿Cómo podemos cambiar ese sonido? Son saberes que se pueden combinar a la perfección con otros más “académicos” o “teóricos” y que convierten la conversación en un proceso más accesible y, dicho sea de paso, más divertido. En cuestión de unos minutos, todas las personas de la sala pudieron participar y opinar de manera activa, sin tener que decir ni una palabra, sobre los temas más importantes del encuentro.

Sé que puede incomodar por la exposición que conlleva, pero si antes de cada formación, o evento, o reunión, buscamos las ideas clave y pensamos qué prácticas culturales comunes como la gastronomía, el cine o la música, nos pueden permitir abordarlas sin tener que recurrir a conferencias de expertos llenas de tecnicismos en Power Points (que están bien para ámbitos de especialización, que conste), haremos nuestras organizaciones y eventos más accesibles con muy poco.

Con el congreso de Plena internacional no solo repensamos cómo hacer cultura más inclusiva, sino cómo la cultura puede hacernos más inclusivos. Cuéntanos sobre esto.

Creo que hay una tendencia muy positiva de hacer más accesible la cultura. Cada vez más instituciones se preocupan por lograr que todas las personas puedan disfrutar de sus obras teatrales, sus conciertos o sus exposiciones. Sin embargo, aún nos queda un paso más: no solo pensar los derechos culturales en términos de consumo, sino también de práctica. Es un éxito que personas con discapacidad o de entornos socioeconómicos vulnerabilizados puedan acceder a un concierto de la Orquesta Nacional, pero no debemos frenar hasta que también estén presentes en el escenario. Y, lo siento, pero tengo que hacer spoiler: eso nos descolocará. 

Si dejásemos las llaves del Auditorio Nacional a algunos de los jóvenes artistas con los que trabajamos en Kubbo, como mínimo organizarían torneos de freestyle con orquesta sinfónica de fondo y DJ. Y eso, evidentemente, chocaría mucho, pero… ¿y qué? Como sociedad, no hay nada que nos represente y transforme más que lo que decidimos que ocurre en nuestros escenarios. Si decidimos que nuestras películas, conciertos o espectáculos sean verdaderamente representativos -y no de manera excepcional en programas paralelos específicos- estaremos haciendo que las personas que estén en el patio de butacas creen imaginarios donde la diversidad sea transversal.

¿Qué nos aporta la fórmula? ¿Quizás, crear más juntos y juntas y menos conferencias técnicas?

Hace poco tuvimos el festival de The Visible Movement, un programa de acompañamiento y formación que impulsamos con Pepsi para 20 jóvenes talentos que nunca habían tenido oportunidades de formarse en sus disciplinas artísticas, simplemente por proceder de contextos vulnerabilizados, tener alguna discapacidad o ser migrantes. Podríamos haber hecho una excelente jornada sobre cultura e inclusión social, con mesas redondas, power points y un catering ligerito en el descanso, pero le dimos las riendas a los protagonistas: discoteca, 2 horas de festival, trap, freestyle, reggaeton, DJ, K-pop, TikTok y tatuajes. Durante esas 2 horas, se pensó más la inclusión, la brecha intergeneracional y la multiculturalidad que con 200 congresos académicos.

El resultado fue precioso: la gente bailó, aprendió, rio, descubrió y exploró. Y es que puedes leer todos los papers sobre inclusión del mundo que no la entenderás de verdad hasta que no vivas una batalla de gallos en Vallecas o una coreografía de K-pop montada por jóvenes en Nuevos Ministerios que utilizan los rascacielos como espejos porque las academias de danza valen una pasta.

Como racionalista y cientificista confeso que se lee hasta el último informe de equidad educativa y se hace maratones de congresos académicos, de verdad creo que, si queremos seguir creando un mundo más justo, necesitamos hablar un poquito menos y bailar un poquito más. Y encima, será más divertido. ¡No se puede pedir más!

Intervención en el Congreso Plena Internacional

Valentina Lara

Equipo de comunicación de Plena inclusión España