¿Qué diferencia hay entre los apoyos y los cuidados?

En este artículo,
explicamos algunas ideas que tenemos
para distinguir
los apoyos y los cuidados.

Los apoyos:
– Lo importante es participar,
no tanto conseguir una meta.
– Se dan apoyos en cualquier nivel:
para comer, vestirte,
trabajar o votar.
– Un ejemplo: que te apoyen
para decidir el partido político
al que vas a votar.

Los cuidados:
– Aunque participar es importante,
lo más importante es conseguir hacer algo.
– Se dan apoyos en las necesidades
más básicos de tu vida:
comer, vestirte o asearte, por ejemplo.
– Un ejemplo de cuidado:
que te duchen.

Cosas que tienen en común:
– Tanto los cuidados como los apoyos
tienen que repartirse más.
Las mujeres hacen la mayoría de los cuidados.
Por eso, los hombres tienen que cuidar más.
Las entidades hacen la mayoría de los apoyos.
Pero el resto de la sociedad
debe dar apoyos también.

– Hay que cuidar a quienes cuidan
y también a quienes apoyan.

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Hace unos días, en una reunión del CERMI, alguien comentaba que el Gobierno preparaba un plan de cuidados a las personas con discapacidad y señalaba: “no nos gusta la palabra cuidados porque nos suena muy asistencialista, preferimos apoyos”.

Así surgió en nuestra cabeza la interrogante: ¿qué diferencia hay entre los apoyos y los cuidados?

Las definiciones no ayudan mucho. Pero, al buscar en las imágenes, nos acercamos a qué visión social existe de ambos. Los apoyos se relacionan más con manos unidas y con el avance. Los cuidados se relacionan con personas dependientes, con batas e instrumental sanitario y mujeres que cuidan. También, aparecen muchos corazones en las imágenes de los cuidados.

 

 

 

 

 

Imágenes: resultados que aparecen al buscar la palabra “apoyos” y "cuidados". Pulsa en las imágenes para verlas a mayor tamaño.

 

Pero, ¿esto debería ser así? Este es un artículo de intuiciones. Hemos hecho búsquedas y leído y, sobre todo, charlado sobre el tema. Compartimos unas ideas para continuar y abrir esa conversación.

Algo sí tenemos claro: no son sinónimos. Ponemos un ejemplo. En la frase: “históricamente, las mujeres han asumido la mayoría de los cuidados”; no cambiaríamos en ningún momento la palabra “cuidados” por “apoyos”.

 

Cómo distinguirlos

Para distinguir apoyos y cuidados quizá nos debemos fijar en qué necesidades cubren y en dónde está el foco puesto: en conseguir algo o en la participación y la autonomía.

Hablamos de cuidados, cuando las necesidades que cubren están en la base de la pirámide de Maslow: alimentación, higiene o seguridad, por ejemplo. También cuando el foco está en realizar la tarea (asear a la persona cuidada, por ejemplo), más que en su participación, aunque esa participación siempre debe tenerse en cuenta.

Hablamos de apoyos cuando las necesidades que se cubren están en cualquier parte de la pirámide de Maslow: desde la alimentación o la higiene hasta la participación política, la creación literaria o las relaciones personales. También cuando el foco no está tanto en conseguir algo (votar o asearse), sino en que la persona apoyada participe, tome decisiones y sea más autónoma.

 

Ejemplos

Con algunos ejemplos se entiende mejor la diferencia. Por ejemplo, si llevamos la mano de una persona con grandes necesidades de apoyo para que pueda darle al pulsador y batir el zumo que va a tomar. El foco aquí está más en la participación en actividades de la vida cotidiana que en beber un zumo. Se trata de un ejemplo de apoyo, concretamente de apoyo activo.

En el ámbito laboral, un apoyo te ayuda a realizar una tarea, mejorar en un ámbito o tomar decisiones. Un cuidado en ese ámbito laboral vela por un buen ambiente, por la colaboración… en definitiva por sentirse bien, que es algo que se encuentra en la base de la pirámide de Maslow.

Una asistente personal puede cambiar pañales o acompañar al baño a una persona con movilidad reducida. Sin embargo, consideramos esto un apoyo porque el objetivo es que la persona sea protagonista, tenga más autonomía y participe más en el mundo. Es decir, que estas necesidades de la base no le impidan hacer todo eso que está al otro lado de la pirámide.

Nunca hablamos de cuidados si una persona acompaña a otra a votar, por ejemplo.

 

Elementos que descartamos y por qué

En la conversación, barajamos otros factores para distinguir apoyos de cuidados y los descartamos. Una primera intuición te puede llevar a pensar que, en los apoyos, la persona apoyada debe tener el poder y el control. Sin embargo, en los cuidados, eso también debería ser así.

Muy relacionado con lo anterior, podemos pensar que los cuidados tienen más que ver con el asistencialismo, incluso con la caridad mal entendida. Sin embargo, tampoco debería ser así. Es posible pensar que los cuidados son también una cuestión de derechos y justicia.

Quizá podríamos señalar que los cuidados se realizan a personas más dependientes y apoyos a las personas más autónomas. Sin embargo, metodologías como el apoyo activo se centran en las personas con grandes necesidades de apoyo. Así que tampoco el grado de dependencia no nos ayuda a diferenciar entre ambos conceptos.

Por otro lado, es verdad que en muchos de los cuidados el amor es protagonista. Por ejemplo: los cuidados de muchas madres. Pero también es cierto que no tiene por qué ser común en todos los cuidados. Hay cuidados profesionales en los hospitales, por ejemplo. Pueden realizarse con cariño, pero no existe tanto vínculo. Y también es posible que una persona que te apoya también te quiera. Por ejemplo, una madre a veces te cuida y otras te da apoyos.

Se nos pasó por la cabeza distinguir por el nivel de formación. Hay tipos de apoyos y cuidados profesionales y con mucha capacitación y también los hay naturales y sin experiencia o formación. Por ejemplo: cuidadoras como una madre primeriza o cuidadoras que llevan años de formación y experiencia. También hay apoyos naturales en el barrio que ni son conscientes de que lo son o apoyos profesionales que se especializan en la asistencia personal. Por tanto, también descartamos este elemento para distinguirlos.

 

Cuidados que visibilizan

La existencia y el uso habitual de esta palabra en debates, medidas políticas, formación y otros… visibiliza por fin una tarea de gran valor social que soportan las mujeres desde hace milenios. Es decir, es un logro que usemos esta palabra. Pero, también, debemos hacer constar que se los asignamos a las mujeres por una dejación histórica de los hombres y del Estado.

Por ejemplo, en ese discurso se habla mucho de “cuidar al cuidador”, aunque debería hablarse de “cuidar a la cuidadora”. Pero, incluso, deberíamos hacernos una pregunta previa: ¿los cuidados deben ser siempre realizados por las mismas personas?

Nos preocupa que no se plantee eso antes: primero han de repartirse los cuidados. Si solo nos preocupamos por cuidar a las cuidadoras, estamos dando por hecho que ellas deben continuar cuidando. Perpetuamos esa injusta asignación.

 

Cuándo surgen los apoyos

La idea de los apoyos cristaliza y se expande gracias a la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad. Se aplican a todas las necesidades humanas y ponen el foco en el poder y el control de las personas, no tanto en lograr la actividad.

No son mejores que los anteriores, son diferentes y complementarios. La cuestión es que la idea de los apoyos es tan nueva que, mientras los cuidados y las cuidadoras se dan por hecho, los apoyos no. Ni siquiera los solemos imaginar.

 

Qué tienen en común

Nos puede costar diferenciarlos porque tienen muchos puntos en común y, también, porque solemos tener una mirada muy sesgada hacia el cuidado. ¿Qué tienen en común? Al apoyar y al cuidar, queremos conseguir algo, alguien da y alguien recibe.

Ni cuidados ni apoyos están bien repartidos. En el caso de los cuidados, la carga está sobre todo sobre las mujeres. En el caso de los apoyos, la carga está sobre todo en las entidades. Por cierto, la mayoría de las personas que trabajan en las entidades… ¡son mujeres!

Precisamente, muchas entidades de la discapacidad nacieron delas familias. Es decir, nacieron de quienes daban cuidados, en un intento por repartir la responsabilidad. Con los años, el discurso ha cambiado y ahora en las entidades hablamos más de apoyos que de cuidados. Por ejemplo: ahora en lugar de “cuidados de noche” se habla de “apoyos de noche”.

Por otro lado, aunque se habla más de “cuidar a las cuidadoras” (y seguimos con el uso político del femenino), también es importante “apoyar a quienes apoyan”.

 

El trabajo de Plena inclusión

Tras lo expuesto, sospechamos que las entidades de Plena inclusión quizá deberían centrarse en los apoyos cuando realiza atención directa. Por otro lado, en relación a la incidencia y la sensibilización, quizá la actividad debería centrarse en reclamar más reparto de responsabilidades en ambos sentidos: tanto en los cuidados como en los apoyos. En los cuidados, más hombres, administraciones y empresas deben aportar. En los apoyos, más administraciones y en general la sociedad debe aportar.

 

Artículo de opinión de Sofía Reyes y Olga Berrios. Plena inclusión España.

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