Mila Fuentes, psiquiatra: «Los niños y niñas son los grandes olvidados en el ámbito de la salud mental»

Mila Fuentes

Plena inclusión ha celebrado un seminario
para hablar sobre la salud mental
de niños y jóvenes con discapacidad
intelectual y del desarrollo.

Para ello, en este seminario
hemos contado con Mila Fuentes.
Ella es médico especialista
en Psiquiatría de la infancia
y la adolescencia.

Mila ha contado
que los niños y niñas
son los grandes olvidados
cuando hablamos de salud mental.
Y que los problemas de este tipo
son más frecuentes
en los niños y jóvenes
con discapacidad intelectual.
También ha dicho que es importante
saber prevenir y detectar estos problemas
lo más temprano posible.

Ha explicado qué situaciones
relacionadas con la salud mental
son más frecuentes en esta población.
También ha explicado
diferentes formas de abordarlas
en función de su intensidad.

Junto a ello, ha explicado
diferentes formas
de afrontar estas situaciones
desde la familia
y el apoyo profesional.

Video de la sesión:

X Solidaria:

Este seminario se ha podido celebrar
gracias a la X Solidaria,
que cuenta con fondos
gestionados por el Ministerio
de Derechos Sociales,
Consumo y Agenda 2030.

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En el marco de un seminario impulsado por Plena inclusión sobre salud mental infantojuvenil en personas con discapacidad intelectual y del desarrollo, la psiquiatra Mila Fuentes ha ofrecido una detallada radiografía de los desafíos que enfrentan estos niños y niñas en el acceso a un diagnóstico y tratamiento adecuado.

Mila Fuentes, especialista en psiquiatría infantil y colaboradora habitual de Plena inclusión Comunidad Valenciana, subrayó que “los niños con discapacidad intelectual tienen un riesgo mucho mayor de sufrir problemas de salud mental que el resto de la población infantil”, y ofreció datos contundentes:

  • 33 veces más riesgo de desarrollar un trastorno del espectro autista asociado.

  • 8 veces más de presentar TDAH.

  • 6 veces más de sufrir un trastorno de conducta.

  • 4 veces más de padecer un trastorno emocional.

  • 3 veces más riesgo de esquizofrenia.

  • 1,7 veces más de experimentar depresión.

Pese a esta alta incidencia, Fuentes denunció que la mayoría de estos niños no accede a los servicios de salud mental o lo hace únicamente cuando presentan conductas graves. “Muchos profesionales atribuyen cualquier conducta problemática directamente a la discapacidad, lo que genera un ‘efecto eclipse’ que invisibiliza trastornos mentales que sí podrían tratarse”, advirtió.

La ponente compartió señales de alarma que deben observarse con atención, como:

  • Cambios bruscos en el estado de ánimo.

  • Pérdida de habilidades adquiridas.

  • Aislamiento social o dificultades para dormir.

  • Conductas autolesivas o agresividad inesperada.

Durante su intervención, Mila Fuentes explicó de forma accesible cómo se manifiestan algunos de los trastornos más frecuentes, como la ansiedad, la depresión, el TDAH o el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), cuando se dan en personas con discapacidad. Destacó, por ejemplo, que:

  • La ansiedad se expresa a menudo mediante estereotipias, hiperactividad, rigidez, autolesiones o apego excesivo.

  • La depresión puede manifestarse con irritabilidad, apatía, pérdida de habilidades, alteraciones del sueño o menor rendimiento escolar.

  • El TOC, a diferencia del patrón habitual, suele presentarse sin ansiedad asociada, con compulsiones visibles (como tocar repetidamente objetos o acumular cosas) y sin verbalización de pensamientos obsesivos.

También hizo hincapié en que la autolesión no debe normalizarse como parte de la discapacidad: “Es una señal de malestar emocional o físico que requiere intervención y comprensión, no resignación”, afirmó.

En cuanto a los tratamientos, Fuentes aclaró que el uso de medicación en la infancia solo debe contemplarse en casos graves o cuando fracasan las intervenciones psicoeducativas. Insistió en la necesidad de formar a las familias y profesionales en estrategias de prevención, relajación y autorregulación emocional, sobre todo desde contextos naturales como el hogar o la escuela.

Finalmente, reclamó un enfoque interdisciplinar y coordinado entre salud, educación y servicios sociales, así como entornos más comprensivos y adaptados. “Los niños con discapacidad intelectual también tienen derecho al bienestar emocional, pero para eso necesitamos mirar más allá de la etiqueta del diagnóstico”, concluyó.

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