Dejemos de buscar excusas

Amalia San Román
Amalia San Román

La autora de este artículo
reflexiona sobre las razones
que se dan en algunas asociaciones
que trabajan desde hace años
por los derechos de las personas
con discapacidad intelectual
o del desarrollo,
para no abrir la puerta al
coliderazgo.

¿Qué es el coliderazgo?

Es la acción de compartir el poder.
En el caso del movimiento de las personas
con discapacidad intelectual y sus familias
surgió hace un tiempo la
‘autorrepresentación’:
las personas con discapacidad
tienen mil capacidades y una de ellas
es la de hablar, pensar y decidir
sobre sus vidas, sobre lo que quieren
y no quieren. Por eso no necesitan
que nadie las represente por ellas
son las que mejor lo hacen.

A esta forma de mirar
el coliderazgo le llamamos
en el movimiento asociativo de
Plena inclusión: El poder de las personas.

Tres excusas

  • Los espacios de poder no están adaptados.
  • Las personas «no están capacitadas».
  • O todas o ninguna.

En el artículo que puedes encontrar
justo debajo de este texto
vas a poder conocer las razones
que da la autora del artículo
para rechazar esas excusas.

Qué puedes hacer tú

Conoce el Proyecto ‘El Poder de las Personas’

También puedes entrar en su web.

Dejemos de buscar excusas

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Desde hace ya bastante años venimos fracasando en uno de los desafíos que más deberían interpelarnos: la participación de las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo en los órganos de gobierno de nuestras entidades.
Son múltiples las razones que solemos utilizar para explicar este hecho, pero vamos a centrarnos en tres, que más que razones son excusas: “razones que nos damos para justificar que nos somos culpables de algo que ocurre” (RAE, Real Academia de la Lengua Española).

(Excusa 1) Los espacios de poder no están adaptados
“ Es que es difícil adaptar estas reuniones”, “es complicado que entiendan lo que se habla en estos espacios”, “no sabemos cómo adaptarlo”. Pero lo que sí sabemos es, que las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo, son únicas y no podremos encontrar una fórmula que sirva para todas, sino que tenemos el deber de buscar la que sea efectiva para aquellas que participen en estos espacios donde se toman las decisiones en nuestra organización.
He participado en muchas reuniones de juntas directivas, equipos de trabajo estratégicos y asambleas en las que muchas personas presentes ( que no tenían discapacidad intelectual) admitían no estar entendiendo nada, o que les resultase muy extenso y pesado. Esta realidad, genera que tampoco exista participación de otras personas a las que este tipo de formatos les resultan difíciles.

Si seguimos pensando en que las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo, deben ser quienes se adapten a reuniones largas, totalmente orales, con contenidos extensos y complejos, estaremos legitimando que no estén jamás.

(Excusa 2) Las personas No están “capacitadas”
Es curioso, como buscamos razones para no aceptar su participación basadas en la “capacidad” que tienen/ o no, para determinadas cosas, cuando esas mismas razones no se aplican al resto de personas que componen los órganos de gobierno de nuestras organizaciones sino que se dan por hecho.
El supuesto sobre el potencial y la capacidad de las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo, se ha convertido en una excusa que nos exhonera de nuestra tarea como apoyos: nuestra tarea es crear puentes entre las competencias de las personas y las exigencias de los contextos.

Si seguimos pensando que las personas deberían tener determinadas “capacidades” para participar, en lugar de comprometernos con analizar lo que está exigiendo de ella ese espacio concreto y cómo podemos apoyarla para salvarlo, estaremos siendo negligentes en nuestra labor.

(Excusa 3) O todas o ninguna
También seguimos usando excusas, cuando vemos que otras entidades avanzan en el coliderazgo e inlcuyen a personas con discapacidad en sus órganos de gobierno: “Ya, pero las que están tienen muchas capacidades, con ellas es muy fácil”, “no podemos dejar que participen siempre las mismas, ¿qué pasa con las personas con más necesidades de apoyo?”.

Esto no deja de ser curioso, nuevamente, porque nos hace pensar que la participación debe estar preparada para todos o para ninguno, sin plantear que puede haber retos que ya deberíamos estar cumpliendo y otros en los que deberíamos estar siendo creativos y buscando nuevas fórmulas de participación. Si hay personas que pueden incorporarse a los órganos de gobierno de manera inminente porque somos capaces (nosotros) de apoyarlas, deberían estar ya ahí. Y para aquellas con quienes no estamos siendo capaces de adaptar nuestros espacios, y tampoco aceptamos cambiarlos/variarlos porque “toda la vida se ha hecho así” habrá que buscar la manera de recoger sus aportaciones: basada en la observación de su experiencia en nuestra organización, lo que comunican sobre temas concretos que les afectan y podríamos extrapolar a grandes temas de nuestra organización, lo que nos hacen llegar sus personas cercanas, lo que intuímos en sus comportamientos, ritmos, satisfacción… Tienen que existir canales, que hagan posible un flujo de participación entre los órganos de gobierno y las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo, TODAS.

Para las que van a poder adaptarse a formas de participación anquilosadas y poco accesibles, no nos quedan excusas: deberían estar participando ya, y enriqueciendo con su aportación los grupos de trabajo. Su experiencia, en primera persona, no es sustituible por la de ningún otro miembro de los equipos de gobierno, ni siquiera por la de las propias familias.

Para aquellas personas, a quienes no podremos incluir en nuestros formatos de trabajo porque no estamos dispuestos/preparados para modificarlos, tendríamos que estar buscando ya otras vías menos ortodoxas y creativas, si realmente nos importa tanto que estén y esto frena la participación del resto.

Para las organizaciones que ya estáis avanzando en el coliderazgo: enhorabuena por vuestro compromiso con las personas: sois un ejemplo para todos nosotros. ¡Debemos empezar ya! Estamos pendiendo oportunidades de aprendizaje cada día que pasa y no forman parte de nuestros órganos de gobierno.

Amalia San Román

Amalia San Román pertenece al equipo técnico de Plena inclusión España y cuenta con una dilatada experiencia de trabajo en entidades que defienden los derechos de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo.

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