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Plena Inclusión Madrid condena los hechos ocurridos en el Colegio de Educación Especial de Getafe y defiende la necesidad de transformar el actual modelo educativo

Noticia | 18 Abril 2018

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Dos niños comparten mesa en un aula

El director general de Plena Inclusión Madrid, Javier Luengo, ha lamentado hoy los hechos ocurridos en Colegio de Educación Especial Santiago Ramón y Cajal de Getafe y que se han conocido hoy después de que el juez haya tomado declaración a tres trabajadores del centro por un presunto delito de malos tratos hacia un alumno con TEA.

Luengo confía en que la justicia actúe con toda la contundencia y se dicte una sentencia ejemplarizante. Lo que ha ocurrido en este Colegio es aberrante –dijo- y debe ser un motivo de preocupación para todos, empezando por la propia Administración Regional, pero sobre todo debe ser una causa para que actuemos de una vez por todas para transformar el actual sistema educativo que se ha demostrado incapaz de dar respuestas satisfactorias a las necesidades de los alumnos.

En este sentido, el director general de Plena Inclusión Madrid recordó que es preciso que el profesorado y personal de las aulas tengan una formación muy específica para poder atender a cada uno de los alumnos teniendo en cuenta sus necesidades especiales, además de proveer sistemas de apoyos adecuados al alumnado.
A su juicio, ha llegado el momento de tomarse muy en serio la reforma del actual sistema que condena a un número importante de alumnos, no sólo con discapacidad intelectual, a la segregación educativa y por tanto social. De ahí que, el movimiento asociativo se haya sumado a la Iniciativa Legislativa Popular de Escolarización Inclusiva.

Luengo, quien se puso a disposición de la familia para poder asesorarles en lo que necesiten, opinó que, al margen de la decisión del juez, lo cierto es que las grabaciones aparecidas hoy en los medios de comunicación evidencian que el comportamiento del profesorado es absolutamente inadecuado e intolerable y que dejaría en una situación de vulnerabilidad tremenda a cualquier niño, pero más aún, cuando se trata de un niño con TEA.

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